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El estado del Radio teatro

Por: Mónica Berman y Damián Fraticelli

 “En este artículo describiremos cómo las críticas de la prensa se referían al radioteatro antes que apareciese el teleteatro. Normalmente, cuando se escribe sobre la relación entre ambos géneros, se presenta al radioteatro como un eslabón intermedio entre el teleteatro, la forma más “acabada” del melodrama mediático, y el folletín, la forma más “primitiva”. El radioteatro, género de la radio, habría sido superado por su versión televisiva. Sin embargo, cuando se estudia de manera minuciosa la relación entre ambos géneros, nos encontramos con que antes de que apareciese la televisión, el radioteatro no gozaba de juicios de gusto favorables. Al parecer, la desaparición del radioteatro no se debió solamente a que surgió una propuesta mediática “superadora”.

 

El radioteatro surge en la década del treinta cuando el sistema de géneros de la radio se estabiliza. Para esa década, los programas de radio conviven con una rica producción de textos que se refieren a ellos. Hay secciones en los diarios que los critican, revistas especializadas, publicidades, notas, reseñas, entrevistas a sus hacedores y grillas de programación.

Dos décadas después aparece la televisión y, con ella, el teleteatro. El nuevo género llama la atención del público, poco a poco baja la producción de radioteatros y la prensa se vuelca a criticar a los programas de la televisión. Hacia fines de la década del sesenta, el radioteatro desaparece como género programado en la radio. El teleteatro se sigue produciendo con éxito hasta hoy.

Usualmente, la “muerte” del radioteatro se explica como un pasaje de un género de un medio hacia otro, de la radio a la televisión. Así como el radioteatro fue el folletín en la radio, el teleteatro vendría a ser el radioteatro de la televisión.

En ese “pasaje” algunos rasgos se transformarían y otros permanecerían.

¿Cuál sería la transformación principal? El cambio de medio, uno es un género radial y el otro es televisivo. Pero más allá de estas diferencias, hay algunos parecidos en su desarrollo que vale la pena señalar.

En el origen, tanto el radioteatro como el teleteatro fueron efímeros como lo es el propio teatro. Los radioteatros se emitían en vivo y lo mismo sucedió con las telenovelas en sus inicios

Luego, en ambos géneros mediáticos se pasó del vivo al grabado. Aunque las razones no son necesariamente asimilables, los radioteatros se empezaron a grabar para garantizar su llegada al interior del país. Ahora bien, desde la recepción era imposible registrar si era en directo o no. El oyente distinguía si lo eran o no por los textos que acompañaban a las emisiones.

La circulación propia de los medios masivos es otro punto de coincidencia. La abolición de la distancia se produce en ambos, ya no rige la “necesidad teatral” de acercarse al lugar de la fabricación del texto para acceder al espectáculo. Tampoco es necesario saber leer para ingresar al universo de ficción que construyen sus textos

Ante estas afirmaciones parecería posible proponer la igualdad entre ambos géneros mediáticos salvo por un rasgo distintivo que los diferenciaría: la imagen.

Si esto fuese cierto, la telenovela podría ser leída como una “evolución”, como un progreso en el que un género inferior, sin imagen, el radioteatro, sería reemplazado por un género “superior”, el teleteatro. La explicación es convincente ¿pero es cierta? ¿Es verdad que el radioteatro desaparece porque aparece la televisión? ¿El radioteatro gozaba de una “salud excelente” hasta que apareció su competidor? ¿Cuál era el estado del radioteatro antes del teleteatro? ¿De qué manera lo construía la prensa?

Responder estas preguntas es el objetivo de nuestra investigación. Para ello, analizaremos distintas críticas escritas sobre el radioteatro, publicadas la década previa a la aparición de la televisión”.

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