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En informador vaticano

La información religiosa especializada en el Vaticano tiene unas características propias que la distinguen de otras áreas y, al mismo tiempo, conlleva exigencias hacia la institución que cubre, la Santa Sede, que implican mayor flujo comunicativo y celeridad en la información. Este artículo analiza a los llamados vaticanistas, que además de cumplir las condiciones de ser acreditados ante la oficina de prensa de la Santa Sede, y vivir o frecuentar Roma, son un tipo de profesional periodístico particular. Después de describir los distintos perfiles, se añade la respuesta institucional vaticana a algunas de las peticiones, lagunas o sugerencias de los vaticanistas para el mejor desempeño de su labor.

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A los periodistas especializados en información religiosa, concretamente vaticana, se les acusa a menudo de estar poco preparados, de ser poco delicados, de no tener conocimientos teológicos, de politizar el tema religioso o de aplicar solo categorías mundanas a asuntos trascendentes. Ante estas habituales acusaciones, es necesario preguntarse qué necesita el informador religioso de la Iglesia, cuáles son las características que le deberían configurar y qué espera de una institución cuyo mensaje, a veces, no logra llegar al ágora pública. Para abordar estas dificultades se apuntarán algunas ideas sobre la información religiosa en un contexto secularizado, además de trazar el perfil del llamado “vaticanista” o periodista especializado en religión católica. Esta investigación parte de la hipótesis de que ha habido una progresiva profesionalización de la información religiosa especializada en el Vaticano aunque, paradójicamente, la calidad de la información no siempre ha ido aumentando.

Este estudio se basa en la observación participante en la sala de prensa de la Santa Sede y en el seguimiento de los llamados vaticanistas, que en esta investigación se dividen en varias tipologías, según el tipo de medio para el que trabajan. Todos los ejemplos se refieren a periodistas2 que trabajan en el Vaticano o se desplazan a menudo a la Santa Sede y, por tanto, tienen una relación fluida con las fuentes y con la misma sala stampa u oficina de prensa de la Santa Sede.

Perfil del vaticanista Los hay de varios tipos. Veteranos cultísimos y recién llegados sin más conocimiento que el epidérmico barniz que proporcionan las noticias religiosas en los medios generalistas. Algunos son agresivos, incisivos y directos, al estilo de la tajante periodista italiana Oriana Fallaci (Florencia, 1929-2006). Otros, discretos y repletos de contactos secretísimos. Algunos llegan a vaticanistas casi como un castigo: se ven despojados de su especialización periodística en política y les asignan seguir la aparentemente gris vida vaticana. 2 Y como tales cumplen con las características personales y profesionales que indica Randall (2000). 262 Perfil del informador religioso especializado en el Vaticano - Miriam Diez-Bosch Todos ellos tienen algunos elementos en común. Pasión por el intrigante mundo vaticano. Paciencia para adentrarse en los entresijos de una de las instituciones más complejas del mundo. Tacto y olfato periodístico para detectar dónde reside la noticia. Se les puede ver en las librerías ojeando el último panfleto antivaticano de turno, o conversando con un joven monseñor en una zona reservada de las pizzerías más concurridas. Es posible cruzarse con ellos en un distinguido restaurante de la Apia con un embajador, y siguiendo a los devotos en un rosario de jóvenes. Se han convertido no solo en informadores, sino en protagonistas de la información vaticana, y no es difícil adivinarlos de estrellas invitadas en una tertulia radiofónica. Lo suyo son las fuentes: ellos mismos se convierten en fuente (Rodríguez, 2001). Son los vaticanistas, los informadores religiosos especializados en la Santa Sede. Su lugar natural es Roma.3 Su nombre, periodistas. Su apellido, vaticanistas. Estos seres no son ángeles, aun viviendo rodeados de un ambiente divino. Uno de los vicios que pueden salpicar a los vaticanistas es la conducta vampirista: abusar o aprovecharse de los demás, sean estos también periodistas o fuentes varias. Y lo peor que le puede ocurrir a un informador del Vaticano es perder la credibilidad. La credibilidad puede peligrar por comentarios de colegas que desautoricen una fuente no contrastada, una tendencia obsesiva hacia el rumor y la invención. La reputación del vaticanista se gana con una vida, y se puede perder con un simple y desenfocado desliz.

El origen del término La figura de los informadores religiosos sobre el Vaticano ha adquirido, en las últimas décadas, un perfil cada vez mejor trazado, y es ya una tradición considerarlos no periodistas religiosos sino vaticanistas. La cobertura de la actividad de la Santa Sede se remonta en tiempos modernos a 1929, con los Pactos de Letrán. En este momento se intensificó la atención mediática por la Santa Sede. 3

Dice Riccardi (en Zizola, 2002): “La informacion religiosa viene acompañada por una red de contactos, de amistades, de que solo se pueden desenvolver en este terreno tan particular que es Roma (...). Para un vaticanista, distanciamento o participación son dos polos en los que difícilmente se encuentra un punto medio. Son precisamente estos extremos del tejido de Roma, la capital italiana, la ciudad del Papa, el ágora de tantos encuentros religiosos y culturales, terreno de experiencias humanas”. 4 Basta recordar el escándalo de los Vatileaks y cómo la información en el Vaticano se ha convertido en material vulnerable y a merced de los anónimos. Palabra Clave - ISSN: 0122-8285 - Vol.18 No. 1 - Marzo de 2015. 258-275 263 Zizola (1996) explica que a principios de febrero del año 1939, cuando Pío XI estaba a punto de fallecer, los periodistas fueron encerrados en llave en una angosta sala en el patio de San Dámaso, dentro del Vaticano. Era el lugar para congresos y trabajo. Tenían pocos teléfonos, poquísima libertad, pero la ventaja de poder controlar desde las ventanas a los cardenales que salían al palacio apostólico para las audiencias papales. No había más noticias: quien se ocupaba del Vaticano lo hacía confiando en sus propios amigos, interpretando, moviéndose en ambientes curiales, poniendo todo su empeño en descifrar. Descifrar el Vaticano ha sido, y continúa siendo, la principal misión de los informadores vaticanos, que no solo cuentan qué ocurre sino por qué se dan algunas circunstancias que sin un contexto serían imposibles de comprender.