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Francisco, el Papa más mediatico

Ya empezó a ser “más mediático” que sus antecesores san Juan XXIII. Lo fue bastante más de lo que se le reconoce a Pablo VI, pues, como Benedicto XVI, por su genial verbo y mejor pluma, tanto agradaba leerle. Aunque es verdad que los medios de comunicación escritos no fueron con ellos justos a la hora de darles cobertura mediática. Y lo fue, sobre todo, Juan Pablo II, sin duda alguna el primer Papa de la globalización, quien, además de su connatural telegenia, asumió no solo el entramado mundial de la era mediática, sino también muchas de sus implicaciones culturales y sociales, como son la importancia del lenguaje de la imagen y la mundialización instantánea de la información. Pero el papa Francisco, heredero de un paulatino proceso de acercamiento del pontificado –y, con él, de toda la Iglesia– al mundo de los medios, está dando un salto decisivo a la imbricación con la cultura mediática.

SENTIDO ECLESIOLÓGICO DEL CARÁCTER MEDIÁTICO DEL PAPA FRANCISCO

Como en todas las implicaciones que son personales e institucionales a la vez, se entrelazan aquí diversos planos. Por un lado, está el plano de la impronta personal (no solo psicológica, sino también cultural, espiritual y eclesial), en el que enseguida nos adentraremos, sobre todo en lo referente al lenguaje (códigos y estilos de expresión verbal y gestual). Pero convendría reconocer antes un plano previo, más fundamental y, sobre todo, más volitivo. Se trata del plano teológico y pastoral. El papa Francisco se expresa, se reconoce y se implica en esta era mediática, en esta sociedad de la información, fundamentalmente por una profunda reflexión teológica –no tanto en el ámbito de la teología de la comunicación como en el de la eclesiología– y una determinada opción pastoral.

No es difícil averiguar las claves teológicas y pastorales de esta impronta que deviene en capacidad mediática en el magisterio del Papa en este tiempo, pero nos bastaría con acudir a un texto poco conocido y, sin duda alguna, fundamental para entender la novedad de este pontificado en su conjunto y su impronta en el nuevo modo de expresarse del Papa y de la Iglesia ante el mundo en particular. Se trata de un folio con unas pocas notas que el cardenal Jorge Mario Bergoglio escribió a mano y utilizó en las reuniones de las Congregaciones Generales antes del Cónclave. Gracias al cardenal de La Habana, que le pidió esa cuartilla con notas, hoy sabemos cuál era el diagnóstico de las carencias de la Iglesia y el tratamiento que requiere, según Bergoglio. Dicen que la lectura de esas notas dejo atónito al colegio cardenalicio, que tomó conciencia de por dónde iban los tiros de la responsabilidad ante Dios y ante la historia que tenían en aquel momento, y que entrevieron que donde hay una luz no solo no hay que apagarla, sino ponerla sobre el candil para que alumbre toda la casa.

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